Mensa je en la Jornada Mundial de la Vida Consagrada 2020

Queridas hermanas, queridos hermanos:
El lema de la Jornada de la VC de este año concentra tres realidades entrelazadas e inseparables en nuestra vida: María, esperanza y mundo sufriente.
Como Vida Consagrada caminamos con María, primera discípula. Con ella, y como ella, queremos acoger los modos de Dios en nuestra vida; con ella queremos mirar la realidad y descubrir a este Dios que la habita, a este Dios que nos invita a reconocer en el reverso de la historia su acción que es esperanza para los sufrientes.
El Magníficat, recoge esa mirada contemplativa de María que, traspasando la realidad, penetrándola, ahondando en ella desde la propia experiencia de salvación, le hace descubrir la acción de un Dios que es Misericordia en favor de los humildes, los hambrientos, de los pobres… El Magníficat, oración cotidiana de nuestras comunidades, nos introduce en los modos de Dios, nos enseña a descubrir su presencia y acción en medio de lo opaco de nuestra historia, y a vivir agradecidamente su fidelidad salvadora con nosotros y con este mundo; una fidelidad que es promesa de vida para todos los sufrientes. Por eso podemos esperar, porque nuestra esperanza es fruto de la fe en el Señor de la historia, como nos recordaba el papa Francisco en “Testigos de la alegría”.
Acoger con María a este Dios que se hace don en nuestra vida y que quiere ser entregado a través de ella, a este Dios que nos transforma en misión, nos lleva inevitablemente no solo a vivir con esperanza, confiadamente, abrazando el hoy y el futuro, sino también a ser mujeres y hombres que transmiten y contagian esperanza. No, como decíamos en nuestra Asamblea General, una esperanza fácil e ingenua, sino una esperanza recia que se transforma en compromiso cotidiano con el sufrimiento de nuestros hermanos, en palabra que anuncia con sencillez la cercanía de Dios, en presencia que permanece, como María al pie de la Cruz, al lado de los crucificados de nuestro mundo.
Que celebrar la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, sea para todos nosotros ocasión de renovar la experiencia de agradecimiento porque el Señor, como a María, nos llama a ser cauces de su Misericordia para el mundo, para los pequeños, para los excluidos, para los sufrientes.
Que con María seamos testigos de la esperanza que nace de Dios y alcanza a nuestro mundo.

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