Mirar el futuro con esperanza. Algunos retos, intuiciones.

MESA REDONDA: “MUJER EN RIESGO- COMPARTIENDO VIDA”

Ángela Corduente

Palma 07 de Marzo 2.015

¿Cómo vive hoy la vida Religiosa? El presente con Pasión. Adoratrices- Oblatas. Que aporta la vida religiosa al ámbito de mujer en situación de exclusión, prostitución, y/o trata.

Mirar el futuro con esperanza. Algunos retos, intuiciones.

Presentación

Al comenzar esta comunicación, quiero agradecer a CONFER, la posibilidad que nos ofrece, de preparar estos espacios de formación conjuntamente, entre varias Congregaciones con carismas similares. Es un gesto de conexión-relación y encuentro en este Año de la Vida Consagrada que a todas nos enriquece.

También recordar, que este año celebramos y agradecemos los 150 años de la apertura de la 1ª casa de la Institución de Oblatas, que se inicio en un pueblo de Madrid llamado Ciempozuelos. Y, Adoratrices los 150 años de la muerte de la fundadora Mª Micaela. Y, por supuesto, situar esta jornada en torno al 8 de Marzo: “Día Internacional de la mujer” que ya hoy celebramos y deseamos visibilizar.

Como vive hoy la vida religiosa desde el Carisma Adoratriz y Oblata Es lo que intentare trasmitir, principalmente de manera experiencial. Lo he explicitado en tres aspectos que considero fundamentales de la Vida Religiosa: Experiencia de Dios, Comunión y Misión- compromiso con la mujer-. Todo este compromiso vivido, con otras personas,- voluntariado, laicado,…etc.… en la sociedad y en la Iglesia de la que formamos parte.

Experiencia de Dios.

Somos un grupo de mujeres creyentes Y, a cada una de nosotras nos configura el seguimiento a Jesús. Su forma de ser, de relacionarse con las personas- en este caso con la mujer- desde el respeto, la misericordia, el perdón y la inclusión orientan, configuran nuestra vida, el compromiso. La gratuidad de dar y recibir. El sufrimiento de las personas, la situación de la mujer, no deja indiferente a Jesús .Su experiencia del Dios de la Vida es fundamental. Por eso, hemos elegido el lema de la jornada: “Compartiendo vida”.

Dios se hace presencia humana, cercana, solidaria y liberadora en Jesús. La realidad, el día a día, la cotidianidad vivida desde el Evangelio es nuestro quehacer. Es una fe pegada a la realidad, y una realidad que incluye la fragilidad. Por eso, la encarnación de Jesús y su entrega en la muerte y resurrección son experiencias de fe.

Sencillamente, vivir como Adoratrices y Oblatas es una forma de vivir el Evangelio, el compromiso, de crecimiento personal, humano y de fe.

Comunión. Tanto la vida religiosa Adoratriz como Oblata, se siente llamada y convocada a vivir en grupo. A vivir la comunión que es más amplia que las propias comunidades. Compartimos el compromiso- la misión- y la vida. Participamos de un proyecto común, donde se generan relaciones nuevas, de inclusión, en este mundo de desigualdad, exclusión, de diversidad de culturas.; donde lo diferente es una riqueza y un desafío. Una preocupación y en este momento actual, incluso una amenaza. Vivimos en comunidades abiertas, que celebran la vida y son semilla de esperanza, que ofrecen espacios de encuentro, diálogo, discernimiento, oración a otras personas. Comunidades, que saben dar y recibir, integradas en la realidad del barrio, de la comunidad eclesial.

Esta sensibilidad por la mujer y la llamada de Jesús la compartimos con muchas más personas e instituciones; de ahí que la comunión vaya mucho más allá de lo que pueden hacer las comunidades. Es un signo, un gesto en este caminar junto a las mujeres, junto a las jóvenes en exclusión.

Misión- Compromiso con la mujer. En situación de exclusión, prostitución, violencia y trata de personas. En un mundo globalizado, desigual y multicultural.

Este compromiso, se traduce en el día a día en un respeto, acogida a todo lo que la persona es y trae consigo. Contemplar la realidad, pero sobretodo entrar en ella y amarla. Nos encontramos, con unos rostros llenos de vida, que reflejan la fortaleza, vitalidad y resistencia. De quienes han sobrevivido a la fuerza del mar, del agua, de la tempestad… y también unos ojos donde la tristeza y el dolor, la humillación han hecho mella. Las ganas de una vida mejor que la que tienen – en sus países, en su lugar-les impulsa a labrarse un nuevo futuro, les lanza al riesgo.

Cada día, en los centros: Jorbalan , Caliu y en el Casal Petit , encontramos nuevos rostros, mujeres muchas de ellas de un color diferente al nuestro, con unas costumbres distintas, otro idioma,…vienen de Nigeria, Ghana, Marruecos, Argelia, Brasil, Republica Dominicana, países del Este, hasta 21 nacionalidades podríamos nombrar . Percibimos toda una cultura muy desconocida, y a veces difícil de entender. Ahí comienza la mirada-, como dirá Jesús en el evangelio: “Ves esta mujer”. Una mirada respetuosa, acogedora que penetra las apariencias y capta la verdad profunda que cada persona llevamos en el corazón. Hay una confianza radical en el núcleo de la persona y en la creencia de que una relación es posible. “Cambiar la mirada” Pues en el mundo de la prostitución, la mirada es importante. Saber reconocerlas en lo que son y no con la etiqueta que acostumbramos a ponerles.-Según pensaba estos días, en la mesa redonda de hoy, me preguntaba ¿qué visión tendrán las personas de la sala, como miraran a la mujer que vive esta situación de prostitución?-.

Se inicia un camino. “Acompañar” es lo más importante. Y, acompañar en todos los momentos y edades de la vida. Caminar a favor de la vida y la libertad. Percibir la humillación, el dolor que sufren y quedar indiferente no es posible. Empeñarnos para que puedan conseguir el reconocimiento al que tienen derecho y encontrar el lugar, el espacio que les corresponde en la sociedad, en el iglesia.

Unas veces, el camino se hace ofreciendo impulso, activando sus recursos personales, formativos, laborales… otros solo apoyo, escucha, acogida, encuentro. Lo que solemos decir con una atención integral. Pero siempre, respetando los procesos personales y las decisiones que van tomando. Cuidando con esmero “que la caña cascada no se quiebre y el pábilo vacilante no se apague”… como dice la Escritura. Experimentar conjuntamente la alegría y esperanza de la Buena Noticia.

Ofrecer posibilidades de vida. Y, dejar que la vida fluya. Uno de los momentos bonitos es la celebración de Navidad, que tratamos que incluya elementos multiculturales. Cuando llega la música de los tambores, el movimiento y el colorido…la fiesta y el disfrute se desborda.

Pero, en este mundo que percibimos a la persona, también se percibe la injusticia en toda su crudeza, la insolidaridad, la desigualdad, la falta de respeto a la dignidad de la persona… y todo ello hace que nuestro modo de vida se sienta cuestionado. Pone de manifiesto nuestra fragilidad. Nos cuestionamos: ¿cómo situarnos en una sociedad tan desigual, donde los derechos no son reconocidos, no hay lugar para todos/as…el que paga –manda, y el miedo a que nos quiten lo nuestro nos supera? Nos urge a la corresponsabilidad en la construcción de un mundo más humano, menos individualista, donde el poder, la utilización de la persona, el vivir unos a costa de otros no sea lo primero. En definitiva, a vivir unos valores más auténticos, más evangélicos. Reconocer derechos y denunciar estructuras injustas

Compartiendo con otras personas e instituciones. Laicado, voluntariado…

Este estilo de vida, comprometido con las mujeres, este don recibido- carisma- como Adoratrices y Oblatas sabemos que es compartido. Lo compartimos con personas, que su estilo de vida es distinto, pero está en sintonía con estos valores. Como Congregaciones hace unos años que somos conscientes que el carisma recibido es un don para la Iglesia y la sociedad, un don compartido para el bien común. En ese camino nos encontramos.

Aportamos nuestro modo de ser, de vivir, y a la vez, prestamos atención acogemos otras formas de vivir, de hacer. Es un camino iniciado, el del voluntariado, laicado… que conlleva apoyar encuentros, articular iniciativas, crear sinergias, tejer relaciones… creer en lo común que nos beneficia a todos, a todas.

Mirar el futuro con esperanza. Retos

Misión compartida. Compartimos que el Carisma recibido de los fundadores es un don para la Sociedad y la Iglesia. Pero este don se regala a diferentes personas, no es exclusivo de la Vida religiosa. Continuar haciendo camino con otras personas laicas, que están en sintonía con el compromiso de la mujer en situación de prostitución y trata con fines de explotación sexual es un reto actualmente. Desafío y riqueza para todos/as nosotras.

Avanzar en una espiritualidad de comunión en la Iglesia, entre todas las vocaciones. Creando una verdadera sinergia, creyendo en la comunión desde la diversidad y la reconciliación.

Adoratrices y Oblatas hemos venido compartiendo diferentes espacios de reflexión, quehaceres comunes en la Pastoral de la Iglesia, actividades a favor de la mujer, incluso algún proyecto. Sin embargo, aun constatamos que cada una anda metida en su parcela y necesitamos salir más de nuestros espacios y/o intereses particulares. Entretejer juntas, ser signos creíbles de esperanza.

Vivir el compromiso con la realidad y a la vez la utopía de la Buena Noticia del Evangelio es una perspectiva permanente en Adoratrices y Oblatas. Pero, la compleja realidad de la mujer, en la sociedad actual requiere mantenernos en búsqueda constante y discernimiento de lo que hacemos, de los proyectos que llevamos entre manos. Priorizando a la hora de atender, realidades y necesidades.

Participar en la dinámica social, al estilo de Jesús, desde el compromiso solidario con la mujer y el reconocimiento del espacio social que a ésta- a la mujer- le corresponde en reciprocidad entre lo masculino y femenino. Reconocer los derechos y denunciar estructuras injustas. Solidaridad y justicia. Generar sinergias, como ya he señalado antes, unirnos a otros grupos, ser participes del recorrido que la mujer, y la sociedad va haciendo, respecto a la igualdad. Visibilizar.

Economía y vida. La actual crisis socio-económica que vivimos a nivel estructural refleja la pobreza que afecta a muchas personas, y más a las mujeres del mundo de la prostitución, esto requiere que hagamos un buen uso de los bienes, de la economía, y que cuidemos la generosidad y solidaridad en nuestras vidas personales y de grupo.

Por último, resignificar desde la vida religiosa, el seguimiento a Jesús, como algo constitutivo de nuestro modo de ser y estar en el mundo en este comienzo del s. XXI, tan difícil en la realidad social. Viviendo en coherencia y esperanza, con alegría la opción de vida y la aportación social.

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